Hoy, Mauricio Salvador escribió esto sobre mí:
Selva Hernández es una mujer particular; bibliófila, librera, diseñadora, coleccionista, tipógrafa. Su mundo es un constante diálogo entre la historia y las nuevas y destellantes maneras de aprehender el mundo. Sin ir a contracorriente es capaz de detenerse y mirar atrás. Su casa, también, es como un libro, que se abre y va descubriendo secretos de un librero a otro librero, de una habitación con tipos móviles a un taller para niños (plastilina, paredes rayadas, crayolas) a un estudio con primeras ediciones de viejas revistas o a otro con docenas de carpetas repletas de ex libris clasificados por países. Su entusiasmo por los libros contagioso. Para cada libro, estampa o ex libris que coloca en tus manos, tiene un adjetivo o una frase que resume su admiración por lo que tú estas tocando o viendo; pero como suele suceder, lo que uno ve no es lo que ella ve; siempre hay algo más.
No sé si sea real, pero es bonito.
11 abril 1969
Querida Katherine:
Interrumpo la tarea de limpiar mis estanterías y me siento en la alfombra, rodeada de libros por todas partes, para escribirte unas letras y desearos un buen viaje. Espero que tú y Brian lo paséis muy bien en Londres. El otro día me preguntó por teléfono: «¿Vendrías con nosotros si tuvieras dinero para el viaje?», y a mí se me saltaron las lágrimas.
Pero… no sé…, tal vez sea mejor que nunca haya estado allí. Soñé tanto con ello y durante tantísimos años… Solía ir a ver películas inglesas sólo para familiarizarme con las calles. Recuerdo que años atrás un muchacho al que conocía me dijo que las personas que viajaban a Inglaterra encontraban exactamente lo que buscaban. Yo le dije que buscaría la Inglaterra de la literatura inglesa, y el asintió y me dijo: «Está allí.»
Tal vez sea cierto, o tal vez no. Porque ahora, al mirar a mi alrededor en la alfombra, siento una certeza: está aquí.
El hombre, ¡Dios lo bendiga!, que me vendió todos mis libros murió hace pocos meses. Y el dueño de la tienda, el señor Marks, ha muerto también. Pero Marks & Co. sigue allí todavía. Si por casualidad pasas por el 84 de Charing Cross Road, ¿querrás depositar un beso en mi nombre? ¡Le debo tantísimo…!Helen Hanff.